22 febrero 2017

Cómo quedarse hueco y flotar. Manual de instrucciones (relato)

Precaución: Al nacer te enchufan al lleno, por favor. Pero la vida plena no produce sino estreñimiento, el estómago se llena de valores sin digerir. Así que desenrosca la tapa lentamente y vacía toda esa mierda. Toda. Así. Ahora saca las piedras de los bolsillos. Es fácil. Al final sácate las vísceras una a una y plántalas sobre el mostrador. Véndelas si es que alguien las quiere, y con lo que obtengas compra un cucharón y sigue rebañando tu mundo interior hasta quedarte hueco. Verás cómo asciendes a la superficie. Vas a flotar.
Mientras subes, cuidado con los cambios de presión y de luz. El fondo del abismo oceánico está lleno de gente que ha profundizado tanto gracias a sus zapatos de cemento o a sus vigas atadas al cuello. Ahí abajo la presión y la oscuridad son aplastantes. Asciende con cautela.
Despréndete de los desechos poco a poco. Primero las certezas: esto, aquello, lo natural. Luego las palabras: intolerable, vajilla, Orense. Luego las creencias: budismo, ludismo, nudismo. Las opiniones son ligeras: blando, claro, asesino. Las mentiras lo penúltimo: mastarde, novoyamatarte, esportubién. Lo último las verdades: te amo, tengo hambre, me duele aquí. Las consignas se disuelven solas: pasen por caja, vamos a cerrar.
Sigue ascendiendo hasta que al mirar al fondo distingas los ojos de esa mujer que limpia su casa vestida con traje de chaqueta y falda granates, con un pañuelo de seda al cuello; esa mujer bien peinada que empuña cepillo y cogedor con pulseras en las muñecas; esa mujer que marca el paso desde la sala a la cocina con sus zapatos de tacón aunque no va a salir a ninguna parte porque su marido le prohíbe salir.
Entonces verás que por eso ocurrió lo ocurrido. Nadie es la pieza de un puzzle, ni siquiera la hija de esa loca, aunque crea serlo. Es una persona tan importante para sí misma como tú. Con los bolsillos llenos de valores, puede, pero con la mirada vacía y superficial.
Debes tener la seguridad de desearlo. Hazte a la idea de que vas a flotar como un barco pirata en busca de presas, vas a exponerte y vas a renunciar a tu vida interior: tu flora intestinal y tus lombrices. Tendrás tiempo de volver a hundirte cuando te llenes de guano, lava y granizo durante cualquier tormenta, cualquier día. Por ejemplo, después de escribir tu única novela y de prepararles el desayuno a tus hijos. El horno siempre estará en la cocina para llenarte los pulmones. Si eres Sylvia Plath no olvides pagar la factura del gas antes del 11 de febrero de 1963. Es importante. Para ti.
Habrás conseguido el elevado vacío interior. De profundis hasta lo superficial.
Puedes bucear, pero no demasiado. Sólo para lanzar torpedos contra los guardacostas. Dispara y no preguntes. Deja atrás al camello lleno de grasa y al león lleno de personalidad para ser el niño sin entrañas con cresta y tachuelas en la chupa negra. Punk rock a toda leche, cerveza helada en campanas de cristal invertidas, agujas hipodérmicas cargadas de presente, ensaladas de hostias en bares de carretera y polvos mágicos colectivos en habitaciones huecas y superficiales.
Por último, rompe este manual de instrucciones. Es un montón de mierda. Quémalo para flambear un cóctel. Dedícate a la filatelia, al contrabando o a la vida contemplativa; a cualquier cosa menos a leer manuales pretenciosos y chorradas new age. Puedes dejar una propina en la gorra, ahí, en el suelo. No escatimes. No jodas a quien escribe de balde.

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