05 octubre 2016

Pan y quesito (relato)

Paquito se encontró un gorrión que no podía volar. Una mañana dio la vuelta a la esquina de su casa, bajó la cuesta de tierra de grano grueso y vio al pájaro moviendo el cuerpo asustado en el suelo. Tenía los ojitos cerrados. Paco lo tomó con las dos manos y notó las plumas pardas que latían apresuradas. Se limpió la nariz con la manga y le acarició la coronilla al gorrión con un dedo. Los latidos se hicieron más lentos. En casa se lo enseñó a su hermana mayor, Rosa. Ella le dijo que el pájaro le daba pena, pero que se iba a morir. Paquito notó que iba a hacer pucheros, pero logró contenerse y poner voz de enfado: No se va a morir, dijo. ¿Qué sabes tú?, eres un crío, le dijo Rosa atusándose las coletas. Paquito se fue a su habitación y metió el pájaro en una caja de zapatos, hizo unos agujeros en la tapa con un boli y puso la caja debajo de su cama. Su madre le llamó a cenar. Lávate las manos, le dijo. Paquito se enjabonó bien. En la cocina olía a pollo frito. Qué hambre.
¿Qué le damos de comer?, le preguntó Paquito a Rosa esa noche. ¿A quién?, le dijo su hermana. Al pájaro, a quién va a ser, se enfadó Paquito. Nada, dijo Rosa, se va a morir. Paco metió unas migas de pan en la caja de zapatos. El gorrión casi no se movió, y no abría el pico. El niño se durmió después de cavilar mucho. Al día siguiente abrió la caja y las migas seguían igual, un poco revenidas. No había colegio, era semana santa, así que se marchó a la calle con el gorrión bajo el jersey. Les enseñó el pájaro a sus amigos. Uno quería meterlo en un hormiguero, otro llevarlo a la parroquia, otro moverle las alas para que se volviera a acostumbrar a volar. Paquito dejó que miraran al gorrión, pero no que lo tocaran. Su hermana saltaba a la comba al otra lado de la calle y le sacó la lengua.
En el paseo que va hasta el mercado de los soportales hacía sol, y cuando hace sol caen unas hojas o unas flores amarillas y blancas, no sabía muy bien, de las acacias. Eran pan y quesito. Paquito y sus amigos pasaron y cogieron del suelo pan y quesito y lo mordieron. Los más altos arrancaron las hojas de las ramas y se las llevaron a la boca. Masticaron con sus dientes planos, estaba blandito, sabía como dulce, y distraía el hambre hasta la comida. El pan y quesito decían que alimenta, aunque Rosa decía que no, que no alimenta nada de nada.
Paquito se llevó un poco de pan y quesito en el bolsillo para su gorrión. Lo alimentó con esas hojitas troceadas. El pájaro se lo comió, todos lo días se lo comía, hasta que pasó una semana o más. Paco estaba contento. Su pájaro empezó a moverse, a saltar despacio en la caja y luego a mover las alas.
Paco les volvió a enseñar a sus amigos el pájaro en la calle cuando abrió los ojos. Se acercó su hermana a ver qué pasaba y él dejó de apretar la mano para que ella lo viera esa tarde de abril. Pero cuando Rosa fue a cogerlo, el pájaro voló y se marchó sin despedirse.
Paco miró al cielo. El gorrión se posó en una acacia, trinó y luego desapareció de la vista. ¿Has visto, so boba? Ha sido por el pan y quesito, le dijo Paquito a su hermana, se ha curado por el pan y quesito. Estaba muy contento. Sí, claro, le dijo ella, el pan y quesito está tan malo que el pobre pájaro se ha largado para no tener que seguir comiéndolo. La hermana se reía, y Paquito le sacó la lengua y se marchó con sus amigos.
Rosa se dio la vuelta y se marchó también con sus amigas. De camino al parque, pasó junto a un árbol, arrancó un manojo de esas hojitas de una rama baja y las masticó. Estaban blandas y como dulces. Se las tragó y se pasó un dedo por los dientes. Miró a la acacia y no vio ningún pájaro a esas horas. Se marchó dando brincos a saltar a la comba.

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