25 septiembre 2016

Los nombres terribles (microrrelato)

Mi bisabuela se llamaba Soledad. Su marido y sus hijas la abandonaron. Poco a poco se fueron marchando también todos sus vecinos del pueblo. Soledad se quedó allí, en la casa vacía y oscura. Cuando acabaron sus días se la comieron unos gatos que ni siquiera eran suyos.
Mi abuela se llamaba Dolores. Un mal día empezó a sufrir jaquecas. Luego se presentó la ciática. Después de atiborrarse de analgésicos y calmantes que cada vez le hacían menos efecto, a Dolores tuvieron que ingresarla y murió en el hospital, retorciéndose entre las sábanas de su cama con unas cefaleas y unas neuralgias espantosas.
Mi madre se llamaba Angustias. La metieron en un manicomio con unas crisis de ansiedad terribles, insoportables. Falleció durante un mal electroshock. A los médicos que trataban a Angustias se les debió de ir la mano con los voltios.
Yo me llamo Martirio.
Estoy aterrorizada.

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