12 mayo 2018

Comentario detesto

Mi expulsión del taller de escritura de la biblioteca de Vallecas (ver un poco más abajo, en este blog, el artículo Kafka en Vallecas) se ha podrido de abajo a arriba. El 12 de febrero me había llegado una carta de María del Carmen García-Risco Vigara, directora de la biblioteca, en la que me comunicaba mi expulsión de esa actividad el 9 de febrero. Reclamé el mismo día a quien correspondiera, y quiso la burocracia y sus caminos inescrutables que correspondiera a una tal Isabel Moyano Andrés, subdirectora general del Libro, dar respuesta a mi queja. Tanto habría valido reclamar a la al poco desventurada Cristina Cifuentes Cuencas o, llegado el caso, al maestro armero por fabricar pistolas con el cañón abierto por el extremo de la empuñadura.
El 12 de marzo recibí respuesta de esta señora Moyano en la que me da un pase de pecho mirando a un tendido somnoliento. Reproduzco a continuación su respuesta. Sé que es un coñazo, como todo el desperdicio de tóner de esta gente, pero a estos efectos tiene la ventaja de ser breve. Aunque es verdad que su sintaxis y hasta su ejecución tipográfica tienen anacolutos, dobles espacios y puntos y comas que muerden los ojos:
«Le indicamos que en virtud del Reglamento de Bibliotecas Públicas del Estado y Sistema Español de Bibliotecas R.D. 582/1989. El artículo 18.3 dice;
“Los responsables de las bibliotecas públicas adoptarán las medidas necesarias para asegurar el buen orden de las salas y podrán excluir de éstas a quienes por cualquier motivo lo alteren”.
Lamentamos las molestias ocasionadas   y agradecemos sus observaciones como muestra de interés por el funcionamiento y mejora de nuestros servicios.
Madrid, 08 de marzo de 2018
LA SUBDIRECTORA GENERAL DEL LIBRO
Fdo.: Isabel Moyano Andrés».
Esta sarta de… palabras o algo parecido —blaparas, rablapas, sabapral— venían a contestar (digamos) a este tenor de mi queja:
«El 12 de febrero a las 12,30 de la mañana he recibido carta certificada de esta señora [el nombre de la señora, María del Carmen García-Risco Vigara, y su cargo, figuraban en el encabezado de la queja] expulsándome de un taller de la biblioteca en el que participo. No da ningún motivo para esta expulsión ni informa de mis opciones para oponerme a ella. He tratado de hablar por teléfono repetidas veces con la directora pero no lo he logrado. Al parecer estaba reunida».
«Le indicamos que en virtud del Reglamento de Bibliotecas Públicas del Estado y Sistema Español de Bibliotecas R.D. 582/1989». Punto y seguido. Así comienza la respuesta de «LA SUBDIRECTORA GENERAL DEL LIBRO», Isabel Moyano Andrés. Una frase de tantas palabras, que además da comienzo a un escrito y concluye con un punto, debería tener sentido por sí sola. Leo y releo: «Le indicamos que en virtud del Reglamento de blabmabmalaafdx9890dla…» ¿qué? ¿Qué quiere decirme con ese conato de oración, con ese muñón de sentencia esta señora que al parecer subdirige en general el libro de esta desdichada Comunidad?

12 marzo 2018

¿Qué hacemos con ‘Lolita’? Un consejo: leedla

Laura Freixas y Sergio del Molino en el debate que mantuvieron
el 6 de marzo de 2018 a propósito de Lolita de Nabokov (vídeo).
Laura Freixas, crítica literaria que por motivos que ignoro pasa por ser además escritora, ha vuelto a probar el agua con el dedo gordo del pie derecho y ha comprobado que aún está fría. En el cuidado de su monocultivo orgánico —algo así como la igualdad numérica de las mujeres con los hombres en el arte y la literatura, cuestión estadística, no literaria— ha tratado de plantar un pino demasiado robusto para un cortijo tan minúsculo y poco abonado como el suyo: se ha lanzado a anatemizar Lolita de Nabokov. Un pino gigantesco. Incluso autores que no militan en la provocación contracorrentista tipo Marías o Pérez-Reverte, autores lúcidos sin más e incluso progres en nómina, han reaccionado frente al furor mojigato e imperativo de Freixas. Ella misma, inteligente a pesar de todas las apariencias, ha emprendido una retirada táctica tras su absurdo y plomizo artículo “¿Qué hacemos con ‘Lolita’?” publicado en El País del 21 de febrero pasado (¡“¿Qué hacemos con ‘Lolita’?”! Palabra. Laura Freixas está decidiéndolo. Nos mantendrá informados, espero). En un debate con el escritor —éste sí— Sergio del Molino dos semanas después de su desliz (ver el vídeo adjunto), pliega algunas velas de su aguerrido navío y dice que su diatriba no se dirige tanto contra Lolita en su calidad de obra escrita como contra las lecturas que se hacen de ella. Un paso atrás desganado, a rastras, después del patinazo.

09 marzo 2018

Novela negra sin crimen, o el arte de imponer barco como animal acuático

—¿Cuál es la condición necesaria, básica, para que un texto narrativo pertenezca al género policiaco (o al género negro en general)? —pregunta Herr Professor el Recidivante.
El alumno del taller-pasatiempo no lo piensa demasiado y responde que tiene que haber un crimen. Pero Herr Professor, ése que siempre tiene el “no” a flor de labios, ha despertado esta semana de una larga, larga siesta, está cabreado y tiene hambre.
—No —dice Herr Professor—: para que haya género negro no tiene por qué haber crimen necesariamente. Lo que siempre tiene que haber es investigación.
No soy ningún experto en el género negro, ni en el género policiaco, una de sus variantes. Tampoco lo soy en el género rosa, aunque supongo que para que haya novela rosa, en la base tiene que haber un romance (a ser posible contrariado y finalmente triunfante).
Pero decir que puede haber género negro sin crimen —una especie de género negro blanqueado— es como decir que… ¿Qué? Que el sapo puede tocar la bandurria con los zancos estivales mientras sopla el cierzo al albur del altiplano. No: el sapo no puede tocar la bandurria y punto. Lo demás sobra. Claro que Herr Professor siempre podrá conseguir que se acepte barco como animal acuático, tal y como nos mostró hace años un famoso anuncio televisivo. A nadie, en el taller-pasarratos, le va a importar demasiado el carácter inanimado del barco, y Herr Professor nunca se ha sentido obligado a razonar sus afirmaciones.